¡Todos a chupar cabezas de marisco, faltaría más!

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¿Cómo que no se puede chupar ahora las cabezas de marisco? Nuestras autoridades sanitarias no se prodigan mucho en la emisión de alertas alimentarias que alcancen de forma masiva a la opinión pública. Desde el recordado “consuma pescados grasos con moderación porque acumulan cantidades importantes de mercurio” todo había permanecido relativamente tranquilo. La sociedad española podía seguir consumiendo basura de bajo coste, sin que nadie se lo recordara.

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Chupar cabezas de marisco tiene un riesgo asociado a largo plazo. Fuente: RTV2

Chupar cabezas de marisco ya era peligroso en el 2011

Ante el descanso prolongado de estas autoridades, han sido los medios de comunicación quienes han decidido empañar nuestro espíritu festivo navideño, con una noticia que no es una noticia. Y es que resulta que chupar la cabeza de los mariscos es malo para la salud. Y digo que no es una noticia porque esta recomendación fue emitida en 2011 por la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Consumo, a instancias de su homóloga europea.

El mensaje perfectamente podría ser: “los productos del mar son contenedores de metales pesados y microplásticos, así que usted mismo”. Sin embargo, tras aplicar el manual editorial que ha convertido a los medios españoles en un ‘teléfono corrido‘, el mensaje llega al consumidor en su versión descafeinada: “no chupe usted la cabeza de las gambas, que tiene cadmio y el cadmio consumido de forma continuada, puede dañar a largo plazo los riñones y desmineralizar los huesos”.

El mensaje no tiene desperdicio. ¿Cómo se espera inquietar a la sociedad incluyendo en la alerta la expresión “a largo plazo”? Una sociedad Carpe diem que convive desde hace décadas con el tabaco con una naturalidad pasmosa, que rocía sus alimentos con productos químicos que los propios agricultores denominan “venenos” y cuyos jóvenes han convertido el botellón y el coma etílico en deporte nacional. ¿Cómo se espera inquietar a la sociedad incluyendo en la alerta las palabras “continuada” y “puede”? Una sociedad que considera comer marisco como una conquista social de la clase trabajadora y que lo hace básicamente en bodas, bautizos y Navidades (ni mucho menos, de forma continuada), y que no está dispuesta a renunciar a dicho logro si el riesgo es una cuestión estadística. Tantas cosas que podrían pasar y al final, no pasan. Todos conocemos el caso del abuelo del pueblo que fumó y comió morcillas toda la vida y ahí está, mejor que tú y que yo.

El efecto rebote generado

Lo sorprendente de todo esto, es que este mensaje aparezca en plena campaña de compras navideñas. Lo normal hubiese sido lanzarlo en agosto, la fecha en la que se cambian los artículos de la Constitución; justamente cuando los consumidores están despistados preparando maletas y toallas. Así, cuatro meses después, con 16 jornadas de liga y una temporada de GH Vip mediante, todo se habría olvidado y todos tan contentos.

Esto me hace pensar que, quizás, lo que se pretendía conseguir presentando la noticia del chupado de la cabeza del marisco en plena orgía de consumo era el «efecto rebote», es decir, lejos de disuadir al consumidor, desatar su rebeldía y provocar un aumento de las ventas de marisco.

Tras asistir a numerosas entrevistas en diversos programas de la parrilla televisiva más cañí en las que se preguntaba a compradores de diferentes mercados de España, confirmo la estrategia del efecto rebote. Frases como “para un gusto que nos podemos dar los pobres”, “si el marisco es del bueno, no hay problema en chupar la cabeza”, “de toda la vida de Dios se ha chupado la cabeza de las gambas”, y las clásicas “de algo hay que morir” o “es que no vamos a poder comer de nada”, muestran que los consumidores españoles tienen un comportamiento pueril cuando de alertas alimentarias se trata. Basta con establecer limitaciones o prohibiciones a determinadas pautas comportamentales de un niño pequeño, para que su respuesta inmediata sea infringirlas. Es un acto de rebeldía contra el poder establecido. Es una respuesta visceral ante esa autoridad que osa imponer límites a un comportamiento que te hace feliz. Si me gusta y me sienta bien, ¿por qué no voy a poder hacerlo?.

Por eso, la mejor forma de sacar estas Navidades ese antisistema que llevas dentro y que lucha contra las injusticias que azotan el planeta, es chupar la máxima cantidad posible de cabezas de langostinos, gambas, carabineros y cigalas. No se me ocurre mejor manera de contribuir al progreso de tu comunidad y a la mejora de la calidad ambiental del planeta.

Eso sí, recuerda que el mar donde vivía ese crustáceo, podría ser el mismo de esa marea de basura plástica que vistes el otro día en la tele, o aquel del documental donde vertían los emisarios fecales de un pueblo entero de la costa del sol.

Tristemente, la naturaleza decadente de los documentales de la BBC y de la emergencia climática, es la misma de la que extraemos nuestros alimentos.

Autor: José Lietor Gallego

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José Liétor Gallego
Doctor en Biología y especialista en educación ambiental y consumo responsable. Es autor del manual de referencia «Colección de dinámicas de grupo sobre educación ambiental y consumo responsable». Ha colaborado con todas las administraciones públicas educativas y ambientales de su comunidad mediante la realización de talleres, conferencias, seminarios y cursos relacionados con la educación ambiental, el consumo responsable y la alimentación saludable. Su vida representa una lucha constante por concienciar a la sociedad sobre la necesidad de sustituir el modelo capitalista por otro en el que las personas y el medio ambiente sean la prioridad. En ese sentido ha sido columnista de prensa y guiado un programa de radio, ambos dedicados al consumo responsable. Está especialmente interesado en apoyar la labor de todos aquellos docentes y padres que están convencidos de que un cambio progresivo de modelo es necesario, pero que carecen de las herramientas didácticas para influir en la conciencia de sus alumnos y familiares.

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