“La creencia de que la propia visión de la realidad es la única realidad, es el más peligroso de todos los engaños” Paul Watzlawick (1921-2007)
Hablar de desarrollo y de territorio implica analizar dos conceptos que están estrechamente vinculados y que tienen mucho que ver en cómo los seres humanos establecemos un estilo de imaginar y materializar nuestro entorno, a lo que en resumidas cuentas llamamos cultura.

Este proceso tiene mucho que ver con lo que creemos que es el desarrollo cuando lo relacionamos con el crecimiento económico, la abundancia de bienes y servicios que tenemos a nuestra disposición, al dominio que los seres humanos ejercemos sobre la naturaleza, etc.
Esta dinámica de entendimiento del desarrollo integra una determinación y caracterización de los países llamados desarrollados y los países subdesarrollados, tal como lo planteó el presidente Truman en 1959 en su afamado discurso a las naciones, en donde se da por sentado la forma occidental de entender el desarrollo:
“Por primera vez en la historia, la humanidad posee el conocimiento y la técnica para aliviar el sufrimiento de esas poblaciones (el Sur). Estados Unidos ocupa un lugar preeminente entre las naciones en cuanto al desarrollo de las técnicas industriales y científicas. Los recursos materiales que podemos permitirnos para asistir a otros países son limitados. Pero nuestro conocimiento técnico – que, físicamente no pesa nada- no deja de crecer y es inagotable. Yo creo que debemos a la disposición de los pueblos pacíficos los beneficios de nuestra acumulación de conocimiento técnico con el propósito de ayudarles a satisfacer sus aspiraciones de una vida mejor (…) Una mayor producción es la clave para la prosperidad y la paz”
No obstante, como lo advierte Paul Waltzlawick sobre el peligro de creer ilusamente que la realidad es única e intransformable, es de igual manera iluso creer que el desarrollo debe ser caracterizado solo por el crecimiento económico; es por ello que en 1990 Amartya Sen planteó que el desarrollo está en las personas y en el fortalecimiento de sus capacidades; Arturo Escobar, complementando a Sen, analiza que el enfoque económico del desarrollo no considera la diversidad cultural a la hora de entender de manera diversa el concepto el bienestar de la sociedad mundial, como es el caso del pequeño país asiático de Bután que, más que medir el crecimiento económico como sinónimo de bienestar, mide la felicidad que alcanzan sus ciudadanos; o países como Ecuador y Bolivia que consideran factores como la participación en comunidad, la armonía entre hombre y tierra, entre otros elementos que expresan el Buen Vivir de los pueblos andinos.
También en los países occidentales, dado el contexto de crisis financiera y social,están emergiendo nuevas formas de entender el bienestar que no ponen ya el énfasis en el crecimiento económico, como es el caso del enfoque del decrecimiento, el del pro-común y el de la economía del bien común.
Hablar de desarrollo implica integrar lo socialmente construido y su diversidad, elementos que permiten entender que la creación de un territorio y de su manifestación de bienestar lo detenta las personas que ocupan y dan significado al espacio que habitan, premisa que se vuelve importantísima a la hora de entender el desarrollo territorial.
Autor: Jorge Amaya Ruiz.
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