La huella de carbono representa las emisiones netas de gases de efecto invernadero, expresados como CO2 equivalente, que produce una organización, un evento, las actividades de un ciudadano, la fabricación de un producto o la prestación de un servicio puesto a disposición del consumidor.

En el ámbito empresarial se diferencia entre huella de carbono de producto o servicio y huella de carbono de organización o corporativa.

Organismos no gubernamentales de ámbito internacional como el World Resources Institute y otros dedicados a la normalización como la International Organization for Standardization (ISO), han desarrollado iniciativas que ayudan para el cálculo y comunicación de la huella de carbono.

De entre estas normas o estándares, el Protocolo de Gases de Efecto Invernadero, Greenhouse Gas Protocol, o GHG Protocol, que incluye edición en español y la Norma ISO 14064, editada en español por la Asociación Española de Normalización (AENOR) como Norma UNE- ISO 14064 de 2006 y actualizada en 2012, son las habitualmente utilizadas para hacer comparable el cálculo de la huella de carbono corporativa (huella de carbono de una organización).

Más complejas, por estar basadas en el análisis de ciclo de vida, son las metodologías orientadas a la huella de carbono de un producto. La última norma internacional que se publicó destinada a la contabilidad y la información de la huella de carbono de los productos es la Norma ISO 14067.

Sea cual sea la norma utilizada para identificar los criterios a seguir, la determinación de la huella de carbono es sencilla y es común a cualquier método. Los cálculos se basan en identificar las fuentes de emisión de Gases de Efecto Invernadero de la empresa u organización o a lo largo del proceso si se trata de un producto o servicio.

Gases de efecto Invernadero
Fuente: Blogger

Los gases a considerar son, como establece el GHG Protocol, los seis grupos de gases inicialmente señalados por el Protocolo de Kioto: dióxido de carbono (CO2), metano (CH4), óxido nitroso (N2O), hidrofluorocarbonos (HFC), perfluorocarbonos (PFC), hexafluoruro de azufre (SF6), junto con el Trifluoruro de nitrógeno (NF3) incorporado a finales de 2012.

Las emisiones de cada tipo de fuente son habitualmente calculadas a partir de datos indirectos, como son los “datos de actividad”, por ejemplo la cantidad de combustibles de origen fósil o la energía eléctrica consumida. Los valores que permiten transformar estos datos de actividad en emisiones de gases de efecto invernadero se denominan “factores de emisión”.

De una forma simplificada se puede expresar mediante la siguiente ecuación:

Huella de carbono(Kg  o toneladas de CO2eq) = Datos de actividad (cantidad en Kg, L, ha, Kw/h..) por Factores de emisión(Kg o toneladas  de CO2 eq /cantidad)

La multiplicación de los datos de actividad por el factor de emisión permite calcular la cantidad emitida para cada tipo de gas de efecto invernadero. Para poder sumar, las cantidades de los diferentes gases emitidos deben ser expresados como CO2 equivalente (CO2e). La transformación a unidades equivalentes se hace tomando como referencia el potencial de calentamiento global (Global Warming Potential) de cada uno de los gases. En consecuencia, para la huella de carbono se deben contemplar las emisiones de cualquiera de los 7 gases o grupos de gases señalados convertidos a CO2 equivalente.

Para ayudar a determinar la responsabilidad en las emisiones, en el caso de huella de carbono de organización, el Protocolo de Gases de Efecto Invernadero introduce el concepto de alcance. Con la denominación de alcance 1 se refiere a las emisiones directas (emisiones que son responsabilidad de la empresa u organización); en el alcance 2, incluye las emisiones indirectas asociadas a la compra de electricidad (emisiones realizadas por el fabricante de electricidad); y  en el alcance 3 se relacionan otras emisiones indirectas asociadas a la adquisición de materiales o servicios necesarios (realizadas por los fabricantes y transportistas de los materiales que ha sido necesario adquirir o consumir).

El cálculo de inventarios de emisiones o huella de carbono y los planes de reducción asociados permite, la comunicación de esfuerzos voluntarios (mejora de imagen), fomentar la ecoeficiencia (ahorro de costes) y la comparación de productos, servicios y procesos (benchmarking empresarial). Numerosos clientes europeos de las empresas exportadoras de alimentos empiezan a exigir inventarios de emisiones de gases de efecto invernadero. Así mismo, es frecuente el compromiso público de grandes empresas de exigir a sus proveedores la contabilidad de carbono.

Autor:Francisco Victoria Jumilla.

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Doctor en Ciencias Biológicas. Profesor universitario en cursos de doctorado y máster. Tiene publicados numerosos libros. Fue galardonado con el Primer Premio de Investigación en Ciencia Regional Mariano Ruiz Funes y es Académico Correspondiente de la Real Academia de Medicina y Cirugía de Murcia desde mayo de 2001. Es miembro del Consejo Nacional del Clima y de la Comisión Nacional de Coordinación de Políticas de Cambio Climático. Es responsable del grupo de cambio climático de la Plataforma Tecnológica Nacional de Agricultura Sostenible. Es Jefe del Servicio de Fomento del Medio Ambiente y Cambio Climático y Coordinador del Observatorio Regional del Cambio Climático de la Comunidad Autónoma de Murcia.

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