La cartografía se constituye como una de las herramientas fundamentales de representación de la realidad geográfica. Los mapas temáticos ofrecen la posibilidad de acercar esta realidad a las personas y permitir un mejor conocimiento y comprensión de su territorio.
En el campo de los riesgos naturales, se ha venido apostando por los procesos de percepción y concienciación con el fin de generar una población consciente del peligro y la realidad territorial que les afecta. Todo ello para poder establecer una mayor prevención y reducción de su impacto.

Sobre el lenguaje cartográfico y el aprendizaje de la realidad geográfica
El territorio ha sido objeto de modelización desde que las inquietudes geográficas del ser humano le han llevado a una mejor ocupación y desarrollo del mismo. Cualquier variable del espacio geográfico puede ser localizable mediante su emplazamiento o posición y puede evolucionar de acuerdo a un conjunto de relaciones.
Comprender cómo son y cómo se comportan estas variables consolida el proceso de aprendizaje de la realidad territorial, que en definitiva, genera beneficios en la relación ser humano-medio, entre las personas y su entorno. Es por ello que el conocimiento espacial es esencial en la búsqueda y consolidación de oportunidades, mejoras y adaptación.

El mapa puede definirse como esa representación selectiva, abstracta, simbólica y reducida de la superficie terrestre en su totalidad o parcialmente. Existen buenos fundamentos que apuntan a la importancia de trabajar con los mapas como un sistema de transferencia de información entre lo espacial y la comprensión fenomenológica de la naturaleza, principalmente porque la mayor parte de los fenómenos de la vida cotidiana tienen un componente espacial.
Es por ello que el lenguaje cartográfico y el uso de mapas va a permitir desarrollar una serie de aptitudes que se resumen en:
- Desarrollar la curiosidad.
- Proponer la solución de problemas espaciales, ambientales y sociales.
- Idear soluciones alternativas
- Relacionar la información cartográfica con la realidad.
- Pensar de forma integradora.
- Localizar la información necesaria para transformarla en conocimiento útil, crítico, válido y aplicado que pueda ser utilizado en la vida cotidiana.
- Fomentar el desarrollo de valores ambientales y sociales.
- La posibilidad de representar cada uno de los ámbitos temáticos sobre un mismo soporte, lo que facilita un aprendizaje comprensivo.
- La posibilidad de efectuar un análisis geográfico interescalar.

Un mapa temático tiene como objeto el ofrecer, sobre un fondo de referencia y mediante símbolos cualitativos o cuantitativos, una representación convencionalizada de los fenómenos de cualquier naturaleza y de sus relaciones mientras sean geolocalizables.
Los mapas temáticos suponen una fuente de representación que va más allá de la más estricta necesidad científica o técnica. Tienen un propósito concreto que se materializa en el acto de la comunicación. La comunicación por tanto podría considerarse como una característica propia del mapa temático, puesto que la representación geográfica, como se ha apuntado con anterioridad, busca esa comprensión y aprendizaje de las personas y su entorno.
Es por ello que en los mapas temáticos el objetivo o el propósito es tan crucial. Es de vital importancia saber qué se quiere representar, para qué se quiere representar y a quién va destinado el mensaje.
El papel de la percepción de riesgos como agente de prevención
Durante los últimos años han proliferado los estudios sociales acerca de la percepción del riesgo. En estos estudios se ha demostrado que en materia de prevención las condiciones psicofísicas (y por tanto de comportamiento y análisis de la realidad de las personas) influyen de forma muy directa con la generación de situaciones catastróficas, bien por miedo o por desconocimiento. Además hay que añadir que los factores que intervienen en la percepción se relacionan fuertemente con los factores de la vulnerabilidad, uno de los elementos fundamentales a la hora de hablar y analizar los riesgos.

La toma de conciencia de la dinámica de la construcción del riesgo es algo complejo y prolongado en el tiempo. Sin embargo ha demostrado ser muy útil y contar con una gran capacidad para la generación de mecanismos y estrategias de gestión a largo plazo que revisten de importancia para las poblaciones humanas, siendo éstas agentes de cambio con la infinita capacidad de transformación de la realidad hacia mejoras continuas.
Se determina pues que son los propios individuos quienes conocen y pueden comprender su entorno, y es por ello que la percepción como herramienta permite que las personas sean capaces de ir a las relaciones causales del riesgo y puedan tomar medidas de gestión y reducción adecuadas.
Un territorio está expuesto de forma natural a ciertos peligros, por lo que en muchas ocasiones son las transformaciones y actuaciones humanas las que, en última instancia, juegan un papel fundamental en la generación de eventos catastróficos.
Ante la falta de percepción los individuos se exponen al peligro sin adoptar medidas de precaución o prevención. La identificación de las percepciones sobre la peligrosidad natural así como la vulnerabilidad social representa un eje metodológico útil para el establecimiento de una cultura de prevención y una auténtica sociedad del riesgo, ya que permite la integración del conocimiento en torno a las personas, su realidad social y los fenómenos que les rodea.
La relación entre la cartografía y la prevención de riesgos
La gestión territorial ha contado con la cartografía para sus múltiples facetas, desde la planificación a la ordenación, pasando a la propia contextualización.
El proceso de espacialización es fundamental para la comprensión del territorio, así como una buena traducción al lenguaje cartográfico de todo proceso o fenómeno que, con un carácter espacial, puede ser localizado y presentado a través de mapas.
Podría generalizarse que las situaciones catastróficas responden únicamente a la razón de estar en el momento equivocado y en el lugar equivocado, aunque en muchas de estas ocasiones se ha demostrado con suficiente claridad que los episodios catastróficos pueden ser motivados por una mala gestión territorial y una profunda ignorancia en cuanto a los procesos que articulan el espacio natural de un territorio.
Los mapas temáticos de riesgos, aunque en su forma más simple sólo muestren esa localización en el espacio, suponen una pieza clave que ayuda a entender el qué y el cómo de los fenómenos naturales adversos para las comunidades humanas. Estos mapas pueden ser entendibles para la población y difundidos, especialmente entre aquella que posee mayores índices de vulnerabilidad, peligrosidad y riesgo ante ciertos fenómenos de la naturaleza. Para que todo ello les permita conocer un poco mejor su territorio y ser conscientes de todo lo interviniente en «su» espacio geográfico.
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