La fama cuesta, mucho en publicidad

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Al finalizar un curso intensivo sobre etiquetados alimentarios y consumo responsable que un servidor impartía en un pequeño pueblo de la provincia de Jaén, ya casi en el límite con la provincia de Albacete, una alumna, una señora de alrededor de 60 años de edad, lanzó una genial reflexión que conseguía sintetizar en pocas palabras algunas de las principales ideas que se habían trabajado durante el curso: «he comprendido que no existen las marcas buenas, solo las marcas conocidas».

No existen las marcas buenas, solo las marcas conocidas

Un ciudadano cualquiera de una ciudad cualquiera recibe una media de 3.000 impactos publicitarios al día, es decir, más de un millón al año. Es cierto que la mayoría de esos impactos serán un ruido de fondo en nuestras ajetreadas vidas. Según los expertos, de todos estos impactos solo procesaremos unos 75 y solo recordaremos al finalizar el día 3 o 4 de ellos.

Veamos un ejemplo referido a una marca concreta, una de las que más presupuesto sigue dedicando a publicidad a sus innumerables campañas hipócritas, a pesar de ser una de las bebidas más consumidas del planeta.

Suena el despertador. Subes la persiana, abres la ventana y ahí, justo enfrente de tu casa, está el bar de Joaquín y Pepa; su toldo es rojo y sus letras antaño blancas, ahora grises por el hollín de los tubos de escape, te muestra por primera vez en tu jornada la palabra Coca-Cola. Coges el móvil de la mesita y lo enciendes; echas un vistazo a tus redes sociales; entre los numerosos anuncios de publicidad de tu muro de Facebook, aparece un anuncio de Coca-Cola. Durante un instante te planteas denunciarlo; desistes porque no crees que sirva de nada. Te levantas, preparas el desayuno; el café termina en un vaso promocional de Coca-Cola que no recuerdas muy bien como llegó a casa.

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Fuente: Pixabay.

Sales de casa hacia el trabajo; te cruzas por el camino con el camión repartidor de Coca-Cola; hay varios establecimientos de hostelería cuyas terrazas (sillas y sombrillas) han sido generosamente donadas por la marca de refresco. Entras a la tienda de ultramarinos de tu amigo Juan para comprar algo para el desayuno; Coca-Cola cuenta con el mejor espacio publicitario junto a la caja registradora. Además, hay dos neveras justo a la entrada de la tienda, ambas con el logo del refresco; de los 5 estantes de bebidas, Coca-Cola ocupa las centrales, las que están a la altura de la vista y de la mano. Sigues tu ruta hacia el trabajo; la mayoría de los establecimientos de alimentación muestran logos de Coca-Cola en sus escaparates y suelen acumular diferentes formatos de la bebida a la vista de los viandantes.

Desde la ventana de tu oficina, junto a un parque infantil, se ve un cartel publicitario de Coca-Cola en la marquesina de la parada del autobús. En la hora desayuno, varios de tus compañeros beben Coca-Cola. Les has hablado en varias ocasiones sobre los problemas que el consumo continuado del dichoso refresco puede acarrear a la salud. No sirvió de nada; bueno sí, sirvió para que hayas terminado desayunando solo.

Al terminar tu jornada laboral, vuelves a casa por la misma ruta de la mañana, la más directa. Vuelves a ver el logo de Coca-Cola por doquier en escaparates, terrazas de bares, marquesinas… Te has cruzado con varias furgonetas de Coca-Cola en un trayecto de no más de dos kilómetros; durante un tramo de tu desplazamiento, un niño delante de ti portaba una mochila con el logo de un refresco (adivina cuál). Un grupo de adolescentes hace botellón en el parque del barrio; al día siguiente habrá varias botellas de plástico de Coca-Cola dando tumbos por el suelo del parque, como siempre.

Nadie es inmune a la publicidad, mucho menos a la publicidad intensiva

Al llegar a casa, tras una merecida ducha, te sientas a ver una peli en una cadena privada. En una de sus maratonianas interrupciones publicitarias, asistes al estreno de la nueva campaña de Coca-Cola. Deben haberse gastado un dineral; parece el tráiler de una película, mucho mejor que la que estás viendo…

Al día siguiente, sales con unos amigos y entráis en un bar; está casi vacío. En cuento os sentáis, sin apenas tiempo de reacción, una amable camarera os pregunta qué vais a tomar; la mayoría de tus colegas piden Coca-Cola. Tú siempre pides cerveza.

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Fuente: Pixabay

En ese momento te preguntas ¿Si no fuese un fanático de la cerveza, qué hubiera pedido en una situación de improvisación como ésta? ¿Qué bebida está en la posición uno de mi ranking mental de bebidas? ¿Quizás aquella que más se haya esforzado por saturar mi día a día con anuncios y más anuncios? Ahora lo entiendo todo…

Autor: José Liétor. 

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José Liétor Gallego
Doctor en Biología y especialista en educación ambiental y consumo responsable. Es autor del manual de referencia «Colección de dinámicas de grupo sobre educación ambiental y consumo responsable». Ha colaborado con todas las administraciones públicas educativas y ambientales de su comunidad mediante la realización de talleres, conferencias, seminarios y cursos relacionados con la educación ambiental, el consumo responsable y la alimentación saludable. Su vida representa una lucha constante por concienciar a la sociedad sobre la necesidad de sustituir el modelo capitalista por otro en el que las personas y el medio ambiente sean la prioridad. En ese sentido ha sido columnista de prensa y guiado un programa de radio, ambos dedicados al consumo responsable. Está especialmente interesado en apoyar la labor de todos aquellos docentes y padres que están convencidos de que un cambio progresivo de modelo es necesario, pero que carecen de las herramientas didácticas para influir en la conciencia de sus alumnos y familiares.

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