Obsolescencia programada: ¿Conspiración o conspiranoia?

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La obsolescencia programada consiste en la teoría de que todos los productos fabricados que consumimos son diseñados para durar menos e ir a parar rápido a la basura. Existe un gran debate en torno a si hay una «conspiración» de los empresarios para que ésto suceda, con el fin de generar mayor rentabilidad para sus empresas o si en realidad se trata de un mito generado por opositores al capitalismo y difundido por ingenuos creyentes de teorías conspirativas. Esta última idea es defendida por algunos como Manuel Campos Ruiz, estudiante de Economía y en términos generales los acérrimos defensores del sector empresario.

La obsolescencia programada es una realidad.
La obsolescencia programada es la creación de productos de corta vida útil. Fuente: http://www.ecologiaverde.com/la-obsolescencia-programada/

Frecuentemente escuchamos o proferimos quejas en relación a la poca duración de los productos que compramos porque se rompen, porque no se consiguen repuestos ya que se trata de modelos viejos, porque salió un modelo más nuevo y todos lo tienen…y a partir de estas cotidianas experiencias emerge la duda de si los productos están hechos para durar poco, si es que los empresarios se ponen de acuerdo para obligarnos a cambiar los aparatos cada vez con más frecuencia… la controversial teoría tiene muchísimos adherentes suman cada día más. Uno de los más conocidos y cuestionados es Serge Latouche, economista y profesor emérito de la Universidad de París-Sur, Francia. Este catedrático sostiene hay tres factores cómplices del sistema capitalista para mantener la obsolescencia programada en vigencia: la fecha de caducidad, la publicidad y los créditos. Ellos nos estarían llevando a producir en forma insostenible.

La obsolescencia programada surge desde los comienzos mismos de la producción en masa, con el mismísimo Henry Ford en los años veinte. En 1928 la revista Printed´s Ink directamente expresó que era los artículos que no se desgastaban eran malos para los negocios. En 1954, ya el término se empezó a popularizar y Brooke Stevens, un diseñador industrial norteamericano afirmaba que era imprescindible

“instalar en el comprador el deseo de poseer algo un poco más nuevo, un poco mejor, un poco antes de lo necesario”.

Habitualmente se citan dos ejemplos para fundamentar la noción de la obsolescencia programada: el de los fabricantes de las bombillas eléctricas Osram, Philips, General Electric y la de España llamada Lámparas Z, con el conocido Cartel Phoebus creado en 1924 que determinaba los estándares de producción y venta de las mismas. Se concertó que la duración de las mismas se limitara a 1000 horas. El otro caso fue el de las medias Du Pont que lanzó al mercado las medias de nylon prácticamente irrompibles en 1940, con un éxito de ventas arrasador. Años después establecieron que debían ser mucho más finas para que se rompieran con más facilidad y favorecer la cantidad de ventas.

Por el contrario, defensores del sector empresario defienden taxativamente que se trata  de un mito, como el economista anteriormente citado Manuel Campos Ruiz, quien afirma que se trata de una de las tantas teorías conspirativas, y la llama «conspiranoia». Para él es imposible que esto sea realidad, ya que habrían de ponerse de acuerdo demasiadas personas de diferentes sectores para que la fabricación de artículos fuese de corta durabilidad.

La experiencia cotidiana con la obsolescencia programada y sus efectos 

La realidad con la que nos topamos día tras día es que no se puede negar que existe una seria dificultad a la hora de reparar los dispositivos: muchos de los aparatos que utilizamos  no se pueden abrir porque están pegados, cuando podrían llevar tornillos; la utilización del plástico para que cuando un aparato se rompa quede inservible y haya que reemplazarlo por otro; o que las casas no faciliten el recambio o ya no fabriquen dicho recambio. Todos estos mecanismos hacen que los objetos tengan una menor durabilidad cuando podrían tener una vida útil mucho más larga .

El análisis de los pros y los contras de este forma de fabricación es el tema que elegimos para concluir. Se supone que para los empresarios y fabricantes es ventajoso ya que les genera mayor volumen de ventas. Sin embargo, si no logran ver que la multiplicación de la producción genera mayor cantidad de residuos dañando seriamente el medio ambiente y también que se reduce la materia prima, es porque realmente no quieren verlo.

Por otra parte, a los consumidores nos afecta seriamente el bolsillo y contrario a lo que se piensa, si se fabricaran productos más durables no se perderían puestos de trabajo, porque más personas se dedicarían a la venta y reparación de repuestos, haciendo que los negocios de segunda mano funcionaran más y mejor.

El tema es que los desechos generados van a parar a los basureros del Tercer Mundo. En países como Ghana es realmente escalofriante ver gente que vive entre montañas y montañas de basura.

Ghana es el vertedero de desechos electrónicos del Primer Mundo
Los desechos electrónicos están destruyendo poblaciones y arruinando el medio ambiente de países del Tercer Mundo. Fuente: http://3dparallax.com/el-fin-de-la-obsolescencia-programada/

No se puede pensar que porque estos lugares están lejanos en el globo no afecta nuestras vidas. La protección del medio ambiente no puede hacerse por regiones solamente. El beneficio y el daño lo compartimos todos los seres humanos. La inquietud que nos queda es ¿Cómo podemos cada uno de nosotros trabajar para limitar la cantidad de desechos? Muchas son las posibles respuestas y cada uno desde su lugar, escogerá la que esté a su alcance.

Fuente: Muy interesante.

Descubre más en nuestro blog sobre obsolescencia programada

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