Materiales sostenibles: La madera vuelve para quedarse.

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Sustituida lentamente por piedra, mármol o acero, debido a la lacra que le acompaña acerca de su combustibilidad,  la madera ha vuelto para quedarse, o más bien, para ocupar el lugar que nunca debió ceder.

Ya en el tratado sobre construcción del ingeniero romano Marco Vitruvio, que bautizaría como “De Architectura”,  se cuentan las bondades de este material, las especies con cualidades apropiadas según los usos que se le vaya a dar e incluso cita las épocas del año óptimas para su tala tal y como reza el siguiente extracto: “La madera debe cortarse desde principios de otoño hasta antes que empiece a correr el favonio; porque en la primavera todos los árboles abundan de savia, y echan su natural vigor en hojas y anuales frutos; y estando, por motivo de la estación, anchos de poros y cargados de humor, vienen a ser leves y de poca fuerza… Del modo mismo por el otoño las plantas, suelta ya la hoja por la madurez del fruto, chupando los árboles por la raíz el suco de la tierra, se recobran y restituyen a su primera firmeza”.

De igual modo, se muestra la preocupación en las características que presenta la misma ante los xilófagos: “Los tirantes han de ser de una madera tal que no sea afectada ni por la carcoma, ni por el paso del tiempo, ni por la humedad, como es el boj, el enebro, el olivo, el roble, el ciprés y otros de similares cualidades; se exceptúa la encina, ya que se retuerce y, al abrirse, provoca grietas en las obras donde se utiliza”.

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Fuente: Perú 21.

Alta capacidad de aislamiento térmico y acústico, sobradamente demostrada belleza, buena resistencia mecánica y flexibilidad, eco friendly parece hecha para el mundo sostenible que queremos construir. Pero entonces, ¿por qué no ha ocupado su espacio en los proyectos más importantes a nivel mundial?

El primer problema se ha expuesto antes de forma sucinta, su inflamabilidad. Algunos episodios como el gran incendio de Londres de 1666 parecen aún estar en la memoria y provocan que la visión actual aún sea algo escéptica.

Pues bien, la madera sin ignifugar posee mala reacción al fuego, sin embargo, ésta no es la que se emplea en los proyectos de construcción. La madera tratada no comienza a carbonizar su superficie hasta los 300º aproximadamente (400º si no está sometida a llama directa). Esta capa superficial que va creando permite además que las llamas no se propaguen hacia el interior de la madera conservando sus propiedades mecánicas. Si la comparamos con otros materiales debemos decir que en el hormigón, a esta misma temperatura, se produce el desconchado de la superficie y a temperatura superior se produce la pérdida de resistencia de la armadura. En el caso del hierro, a 450º se deforma y la estructura se colapsa. De hecho, este vídeo nos muestra que la madera laminada cruzada es más ignífuga que sus competidores directos.

Una vez actualizada nuestra visión de la madera y el fuego, ¿cuál es el siguiente problema?

Su resistencia no era lo suficientemente atractiva como para la creación de grandes estructuras. Pero, ¡Eureka! Parece que los compañeros de la Universidad de Maryland (EEUU) han dado con la clave, y han sido capaces de conseguir una madera 12 veces más resistente que la madera natural, tan fuerte como el acero, pero seis veces más ligera.

Liangbing Hu, líder del proyecto, asegura que este logro se consigue gracias a un nuevo proceso de densificación. Los métodos de densificación hasta la actualidad como el laminado en frío o el pretratamiento con vapor, aunque mejoraban la resistencia de la misma, no obtenían resultados óptimos en ambientes húmedos.

Su método tiene como clave la extracción parcial de la lignina, puesto que si se retira por completo, al comprimirla después con calor se colapsaría, pero si no se retira, dicho tratamiento de compresión, sería muy limitado. El objetivo era, por tanto, evitar cualquier vacío para reducir los defectos de la madera y conseguir aumentar su resistencia, según comentan en su estudio.

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Para ello, el primer paso es hervir la madera en NaOH y Na2SO3, eliminando parcialmente la lignina, para posteriormente prensarla con calor a 100º provocando el colapso de las paredes celulares y la alineación de fibras de celulosa a escala nanométrica. Tenemos entonces un claro competidor del acero, las aleaciones de titanio o la fibra de carbono. Pero, además de su menor coste, se me ocurre una ventaja competitiva.

Su respeto por el medio ambiente. Mientras que la construcción con acero y hormigón suponen entre el 5 y el 8% de las emisiones globales de CO2, la madera es un excelente almacén de carbono. Se trata de la alternativa de construcción con la huella de carbono más baja. Sin embargo, siempre se debe garantizar que la madera empleada provenga de bosques gestionados de forma sostenible.

Estamos ante el material que vuelve para crear las ciudades verdes, ciudades sostenibles o, también llamadas, ciudades del siglo XXI. Sino que se lo digan a Sidewalk Labs y su proyecto de ciudad de madera en Toronto, en el que también estudia el micelio fúngico para ganar resistencia estructural, o a la compañía japonesa Sumitomo Forestry Co. cuyo objetivo es la “conversión de las ciudades en bosque” y nos presenta el rascacielos de madera más grande del mundo de 350 m.

Por todo ello: Bienvenida, de nuevo.

Autora: Marisa Pérez.

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