El Día Internacional para la Preservación de la Capa de Ozono se celebra el 16 de septiembre y se conmemora la firma del Protocolo de Montreal en 1987.

El objetivo principal del Protocolo de Montreal es conseguir que los países firmantes tomen medidas para conservar la capa de ozono y prohibir la liberación a la atmósfera de sustancias perjudiciales.

A nivel internacional este acuerdo de carácter ambiental es uno de los más importantes además de ser considerado un ejemplo de cooperación internacional por haber sido firmado por casi todos los países del mundo.

Por este motivo, en 1994, la Asamblea General de las Naciones Unidas proclama el Día Internacional para la Preservación de la Capa de Ozono.

¿Qué es la Capa de Ozono?

La Capa de Ozono forma parte de la estratosfera terrestre y en ella se concentra el 90 % del ozono atmosférico.

Esta capa se encuentra a 50 km de altitud y tiene una extensión de 15 km. La capa de ozono proporciona protección ya que absorbe entre el 97% y el 99 % de los rayos ultravioletas dañinos para la salud.

El Protocolo de Montreal

El Protocolo de Montreal se gesta después de descubrir los efectos perjudiciales de los CFC sobre la capa de ozono.

En la imagen de la derecha vemos la capa de ozono sobre el Ártico en abril de 2011 y a la izquierda, como sería sin el Protocolo de Montreal. Fuente; El País

 

Principalmente se propone la prohibición del uso de los compuestos orgánicos clorados (clorofluorocarbonos, CFC) ya que son los principales causantes del agujero de la capa de ozono.

Si todos los países cumplen con los objetivos propuestos en el tratado se conseguirá la recuperación de la capa de ozono para el 2050.

¿Cómo reaccionan los compuestos orgánicos clorados con el ozono?

Durante muchos años se han utilizado los CFC en la refrigeración, la limpieza en seco y en los aerosoles. De este modo, se ha liberado una gran concentración de estos compuestos a la atmósfera.

Los CFC contienen cloro que reacciona con facilidad con el ozono formando el óxido de cloro que es un radical libre que provoca una reacción en cadena. De hecho, cada átomo de cloro es capaz de destruir 100.000 moléculas de ozono.

Ésto provoca una disminución de la concentración de ozono en la atmósfera y como consecuencia aumenta la radiación UV-B que llega a superficie terrestre.

La radiación ultravioleta que llega a la tierra tiene un impacto negativo sobre los cultivos, el fitoplancton marino y además aumenta el riesgo de sufrir cáncer de piel.

30 años después

Este año se cumplen 30 años desde la prohibición del uso de los CFC y tenemos estupendas noticas.

De una parte, los últimos estudios publicados en la revista Scienze indican que la concentración de compuestos organoclorados en la atmósfera ha disminuido y que la capa de ozono se está recuperando.

Además, el agujero de la capa de ozono en la Antártida se ha reducido en unos 4 millones de kilómetros cuadrados desde el año 2000.

Por lo que podemos estar satisfechos que al colaborar a escala mundial en dejar de utilizar los CFC estamos consiguiendo recuperar el planeta.

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