Hace unos días vi en LinkedIn una publicación que preguntaba algo muy simple: ¿estamos diseñando un plan de formación nuevo… o estamos copiando el del año pasado? El post no decía nada muy novedoso. Hablaba de revisar datos, asistencia, encuestas, crédito formativo…todo muy correcto, pero si me hizo pensar en cómo se aplica en la formación sobre geotecnologías que impartimos desde Geoinnova.
En geotecnologías, el problema no siempre es repetir cursos, ya que a veces hay que repetir el mismo curso año tras año, porque hay rotaciones, entran nuevas incorporaciones y es necesario reforzar la base. El tema es cuando el plan se queda ahí. Consolidar, afianzar… y poco más. Y muchas veces se queda ahí porque con lo que se hace el equipo funciona: cumple, entrega proyectos y con esto vale. La cuestión es que me dio por pensar en que quizás como empresas no somos del todo conscientes de que, con cada decisión formativa, estamos marcando hasta dónde va estar el alcance de los proyectos. Y eso rara vez se plantea de forma explícita.

Cuando se diseña un plan de formación en SIG, casi siempre se parte de lo que ya existe. Se revisan cursos anteriores, se analiza si tuvieron buena acogida y se ajusta el calendario en función de lo que parece haber funcionado. Es una forma razonable de trabajar y, en muchos contextos, suficiente. Sin embargo, en equipos técnicos la cuestión debería ir más allá. No todas las formaciones evolucionan igual.
¿Y qué debemos tener en cuenta?
En un mismo plan pueden convivir formaciones transversales, idiomas, Excel, prevención de riesgos, ciberseguridad y formación técnica especializada.
Para el caso de los cursos de Excel o idiomas, la repetición anual suele tener bastante sentido. Son competencias técnicas que mejoran progresivamente, pero la estructura general del aprendizaje no cambia de manera sustancial de un año a otro.
La formación en SIG tiene otra naturaleza. Está directamente vinculada a procesos técnicos concretos y a la forma en que se ejecutan los proyectos.
Un equipo técnico SIG puede estar trabajando correctamente y, aun así, no haber dado el siguiente paso en automatización, estructuración de datos o diseño de flujos reproducibles. No es un problema visible de inmediato, pero sí una señal de que el plan de formación quizá está manteniendo el nivel pero no impulsándolo.
Por eso, aunque la formación en GIS conviva en el mismo calendario que otras áreas, no debería evaluarse con exactamente los mismos criterios.
Primer paso: entender el nivel real del equipo técnico GIS
Antes de definir el próximo plan de formación en SIG conviene detenerse en una pregunta básica: ¿en qué punto está realmente el equipo? Nos referimos a algo más allá de etiquetas como “básico” o “avanzado”. Para definirlo importa analizar la práctica diaria:
- ¿Se gestionan con seguridad los sistemas de referencia?
- ¿Se aplican validaciones topológicas de forma sistemática?
- ¿Existen procesos repetitivos que podrían automatizarse?
- ¿Se trabaja con bases de datos espaciales o principalmente con archivos aislados?
- ¿Los flujos de trabajo están documentados o dependen de la experiencia individual?
Responder a estas cuestiones permite distinguir entre consolidar los conocimientos y evolucionar como equipo.
Antes de nada, consolidar no es retroceder
Por ejemplo repetir una formación en QGIS o en fundamentos SIG dentro de una empresa puede ser completamente adecuado cuando existen nuevas incorporaciones o cuando ciertos conceptos esenciales (sistemas de referencia, transformación de coordenadas, estructuración correcta de datos espaciales, etc) no están plenamente asentados ya que estos siguen siendo la base sobre la que se construye cualquier proyecto sólido.
Muchos errores que se ven en proyectos se deben, en muchos casos, a fundamentos mal comprendidos y en estos casos, reforzar formación básica significa asegurar calidad.
Evolucionar implica cambiar el nivel, no solo el contenido
La situación es distinta cuando el equipo ya domina esos fundamentos. Si, año tras año, el plan de formación en GIS refuerza el mismo nivel, el resultado suele ser una estabilidad cómoda. El trabajo sale adelante, pero los procesos no necesariamente se vuelven más eficientes ni más estructurados.
Evolucionar puede implicar introducir automatización en SIG, profundizar en Model Builder, integrar PostgreSQL/PostGIS, trabajar con scripting en Python o mejorar la trazabilidad de los datos. No todos los equipos necesitan llegar al mismo grado de complejidad. Pero sí conviene decidir si el objetivo es mantener el nivel actual o impulsar un crecimiento técnico progresivo.
Formación en SIG como exploración y apertura de nuevas líneas
Además de consolidar y evolucionar lo que ya se hace, la formación en SIG puede cumplir otra función: abrir nuevas posibilidades. En muchos equipos, el día a día termina marcando el límite de lo que se puede hacer. Si siempre se ha trabajado con datos vectoriales tradicionales, puede que la teledetección no se contemple como herramienta habitual. Si el diseño cartográfico se ha resuelto de forma funcional, quizá no se valore una mejora más profunda en criterios de representación.
Explorar técnicas como análisis ráster avanzado, teledetección aplicada o diseño cartográfico mejorar la calidad del trabajo y además ampliar el tipo de proyectos que se pueden abordar. Se trata de evaluar si determinadas técnicas pueden aportar valor real o incluso abrir nuevas líneas de trabajo y en este sentido, un buen plan de formación puede reservar un espacio para la exploración estratégica.
La importancia del diálogo entre formación y técnica
En muchas organizaciones, sobre todo grandes empresas, el plan de formación depende lógicamente de RRHH o del área de formación interna, ya que es parte de su trabajo, pero claro, normalmente no tienen forma de determinar el nivel técnico de las acciones formativas.
Un “curso avanzado de QGIS” puede tener significados muy distintos según el punto de partida del equipo. Sin una conversación previa con los responsables técnicos, es fácil que la programación se base en etiquetas generales y no en necesidades reales. No se trata tanto de diseñar formación completamente personalizada como de alinear el nivel adecuado con el momento adecuado. Ese diálogo evita que el plan de formación en SIG se convierta en una repetición automática.
Medir el impacto real en proyectos geoespaciales
Por último hay que decir que más allá de la asistencia o la satisfacción de los participante lo importante es el impacto de la formación en SIG que se percibe en los proyectos. ¿Cómo podría una organización saber si el equipo ha crecido gracias a una formación? A continuación vemos algunas señales de que el crecimiento técnico está ocurriendo:
- Si hay reducción de tiempos en tareas repetitivas.
- Si hay un menor número de errores relacionados con CRS o geometrías inválidas.
- Si existen procesos más estructurados y menos dependientes de soluciones improvisadas.
- Se ha conseguido mayor autonomía técnica del equipo.
Cuando, después de varios ciclos formativos, todo sigue exactamente igual, conviene revisar el enfoque. No necesariamente el formato, ni el proveedor, sino el nivel.
Diseñar un plan de formación en geotecnologías que acompañe el crecimiento real no implica introducir constantemente técnicas nuevas ni transformar cada año el programa. A veces implica algo más sencillo: observar cómo se están desarrollando los proyectos y decidir si la formación está ayudando a consolidar lo esencial, a mejorar procesos existentes o a abrir nuevas posibilidades. Y ahí es donde realmente se nota si el plan tiene sentido.
¿Estás revisando el plan de formación SIG de tu equipo?
En Geoinnova ayudamos a empresas a detectar si necesitan consolidar bases, evolucionar procesos o abrir nuevas líneas técnicas. Solicita una revisión inicial de necesidades:
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